

La práctica de Cristina Arribas González se articula como un sistema de producción simbólica en el que escritura, imagen, pensamiento e identidad operan como dimensiones inseparables de una misma estructura en expansión. En este contexto, Hija de la Raíz no funciona como un espacio de documentación de obra, sino como un dispositivo poético que genera simultáneamente archivo, práctica artística y construcción de subjetividad.
El portal se configura como una arquitectura abierta en la que los límites entre obra, proceso y biografía se disuelven, dando lugar a un campo continuo de reescritura simbólica. La práctica no se organiza como un conjunto de piezas autónomas, sino como un sistema relacional en el que cada elemento remite a otros, activando una red de significaciones en permanente transformación.
En este marco, la noción de radicalidad adquiere un sentido específico. Lejos de entenderse como gesto de ruptura formal o estrategia de confrontación estética, la radicalidad remite aquí a su raíz etimológica —radix— como movimiento hacia lo originario. Lo radical no es aquello que se separa de la tradición, sino aquello que se dirige hacia la base de la experiencia: el cuerpo, la memoria, el lenguaje y el silencio.
Desde esta perspectiva, la obra no se orienta hacia la producción de objetos cerrados, sino hacia la construcción de un campo expandido de escritura e imagen donde el proceso adquiere la misma relevancia que el resultado. El arte se configura así como un espacio de pensamiento en acto, en el que creación e investigación resultan inseparables.
Uno de los aspectos fundamentales de este sistema es la disolución de las fronteras entre disciplinas. Poesía, pintura, dibujo, fotografía, videoarte y escritura conceptual no funcionan como lenguajes independientes, sino como modulaciones de una misma estructura expresiva. En este sentido, el portal no representa una obra interdisciplinar: la produce y la activa continuamente.
La escritura ocupa un lugar estructural dentro de este dispositivo. No actúa como comentario o explicación de la obra visual, sino como forma de producción de imagen y pensamiento. De manera recíproca, la imagen no ilustra el texto, sino que lo prolonga en otro régimen de percepción. Esta reciprocidad genera un espacio intermedio donde los lenguajes se contaminan y se redefinen mutuamente.
El archivo, en este contexto, deja de ser una estructura de conservación para convertirse en un organismo vivo. Hija de la Raíz funciona como un archivo expandido en el que los materiales no se fijan en una forma definitiva, sino que permanecen abiertos a la transformación, la relectura y el desplazamiento. La obra no se organiza como un conjunto estable, sino como una constelación de fragmentos en relación dinámica.
Esta lógica se extiende a los distintos proyectos que atraviesan el sistema —Ab Radice, Procesos, Ser D Arte, Ciò che sta dietro la parola, Les femmes inséparables o Ruth Vulgata— que funcionan como nodos dentro de una red más amplia de investigación artística. En todos ellos, la memoria, la identidad y la experiencia se abordan desde perspectivas no lineales, donde el lenguaje actúa como campo de exploración simbólica.
En este sentido, el archivo no opera como registro del pasado, sino como dispositivo de producción de sentido en el presente. La memoria no aparece como estructura fija, sino como un campo inestable de reconfiguración constante. El archivo se convierte así en una forma de escritura expandida que no conserva lo sucedido, sino que reinterpreta continuamente lo que se está produciendo.
La noción de raíz atraviesa todo el sistema como categoría estructural. La raíz no designa un origen estable, sino un proceso de conexión entre memoria, cuerpo y lenguaje. Es simultáneamente origen y desplazamiento, pertenencia y transformación, herida y continuidad. Esta ambivalencia constituye uno de los ejes centrales del sistema poético que articula la práctica.
El cuerpo ocupa igualmente un lugar fundamental en esta configuración. No se presenta como objeto representado, sino como superficie de inscripción de la experiencia. La fragilidad, la huella y el gesto incompleto se convierten en formas de conocimiento. El cuerpo no es únicamente tema de la obra, sino también su condición de posibilidad.
Desde una perspectiva contemporánea, este sistema se sitúa en diálogo con prácticas de archivo expandido y escritura visual que han cuestionado los modelos tradicionales de producción y recepción artística. Sin embargo, su especificidad reside en la integración entre dimensión conceptual y dimensión poética, donde el archivo no es solo estructura teórica, sino también espacio afectivo y simbólico.
Frente a la aceleración de la producción visual contemporánea, Hija de la Raíz propone una lógica de ralentización, atención y continuidad. El sistema se organiza como un espacio de lectura extendida en el que el espectador no se enfrenta a objetos cerrados, sino a procesos abiertos que requieren desplazamiento, relación y tiempo.
En este sentido, el portal no solo presenta una obra, sino que configura una forma de experiencia. La relación entre texto, imagen y archivo no se limita a un nivel representacional, sino que constituye un modo de pensamiento. La práctica artística se convierte así en una forma de conocimiento que se construye en el tránsito entre lenguajes.
En conclusión, Hija de la Raíz puede entenderse como un archivo expandido que desborda la lógica documental para constituirse como obra en sí misma. En el sistema de Cristina Arribas González, escritura, imagen, memoria e identidad no son elementos separados, sino dimensiones de una misma estructura en transformación constante. La radicalidad de esta práctica no reside en la ruptura formal, sino en la capacidad de sostener un espacio abierto de pensamiento donde el arte funciona como experiencia de conocimiento, reescritura y permanencia sensible.
The practice of Cristina Arribas González operates as a system of symbolic production in which writing, image, thought, and identity function as inseparable dimensions within a single expanding structure. Within this framework, Hija de la Raíz does not operate as a documentation platform for artworks, but as a poetic dispositif that simultaneously generates archive, artistic practice, and the construction of subjectivity.
The portal is conceived as an open architecture in which the boundaries between artwork, process, and biography dissolve, giving rise to a continuous field of symbolic rewriting. Rather than a collection of autonomous works, the practice unfolds as a relational system in which each element refers to others, activating a network of meanings in constant transformation.
In this context, the notion of radicality acquires a specific resonance. Far from referring to formal rupture or aesthetic confrontation, radicality is understood in its etymological sense—radix, root—as a movement toward the originary. The radical is not what breaks with tradition, but what returns to the ground of experience: body, memory, language, and silence.
From this perspective, the work is not oriented toward the production of closed objects, but toward the construction of an expanded field of writing and image in which process holds the same epistemic weight as outcome. Art becomes a site of thought-in-action, where creation and research are structurally inseparable.
A key aspect of this system is the dissolution of disciplinary boundaries. Poetry, painting, drawing, photography, video, and conceptual writing do not function as discrete media, but as modulations within a single expressive continuum. In this sense, the portal does not merely host interdisciplinary work; it actively produces and sustains it.
Writing occupies a structural position within this dispositif. It does not function as commentary or interpretation of the visual, but as a mode of image production and conceptual activation. Conversely, the image does not illustrate the text; it extends it into another perceptual regime. This reciprocity produces an in-between space in which languages contaminate and reconfigure one another.
Within this framework, the archive ceases to operate as a structure of preservation and becomes a living system. Hija de la Raíz functions as an expanded archive in which materials are not fixed, but remain open to transformation, rereading, and displacement. The work is not organized as a stable corpus, but as a constellation of fragments in dynamic relation.
This logic extends across a constellation of projects—Ab Radice, Procesos, Ser D Arte, Ciò che sta dietro la parola, Les femmes inséparables, and Ruth Vulgata—which operate as nodes within a broader research ecosystem. Across these trajectories, memory, identity, and experience are approached through non-linear structures in which language functions as a field of symbolic inquiry.
Here, the archive is not a record of the past, but a device for the production of meaning in the present. Memory appears not as fixed structure, but as an unstable and continuously reconfigured field. The archive thus becomes a form of expanded writing that does not preserve what has been, but continuously rearticulates what is emerging.
The notion of the root runs throughout the system as a structuring principle. The root does not designate an origin, but a process of connection between memory, body, and language. It is simultaneously origin and displacement, belonging and transformation, wound and continuity—an ambivalence that underpins the entire poetic architecture of the practice.
The body likewise occupies a central position within this configuration. It is not represented as an object, but inscribed as a surface of experience. Fragility, trace, and incomplete gesture emerge as forms of knowledge. The body is not only a thematic concern, but a condition of possibility for the work itself.
From a contemporary perspective, this system enters into dialogue with expanded archival practices and visual writing strategies that have challenged traditional models of artistic production and reception. Its specificity, however, lies in the integration of conceptual rigor and poetic intensity, where the archive operates not only as theoretical framework but also as affective and symbolic space.
Against the acceleration of contemporary visual culture, Hija de la Raíz proposes a counter-temporality grounded in slowness, attention, and continuity. The system is structured as a space of extended reading in which the viewer encounters not finished objects, but open processes that demand time, relation, and movement.
Ultimately, the portal does not simply present a body of work; it configures a mode of experience. The relation between text, image, and archive exceeds representation, becoming a mode of thinking in itself. Artistic practice thus emerges as a form of knowledge produced in the passage between languages.
In conclusion, Hija de la Raíz can be understood as an expanded archive that exceeds documentary logic to become the work itself. Within the system of Cristina Arribas González, writing, image, memory, and identity are not separate entities but interdependent dimensions of a single structure in continuous transformation. Its radicality lies not in formal rupture, but in the sustained construction of an open field of thought in which art operates as an experience of knowledge, rewriting, and embodied continuity.
*Aproximación al concepto de archivo expandido, escritura y radicalidad en la práctica artística de Cristina Arribas González*